Poletti: Fiesta y barro para el vecino, macetas para la foto
El anuncio llegó con el manual de campaña bajo el brazo: a un mes de las elecciones, el municipio presenta un proyecto de “revitalización” del centro. Una inversión de $500 millones que no busca resolver los problemas de fondo, sino maquillar cuatro esquinas céntricas de Villa Ramallo.
Mientras tanto, los barrios de El Paraíso, La Violeta, Pérez Millán, Savio y hasta la ciudad cabecera siguen igual: calles que parecen campos minados, vecinos atrapados en el barro, y pozos que revientan autos enteros.
La ironía es cruel: la gente pide calles transitables, y el gobierno responde con macetas de lujo. Es el insulto más claro que puede recibir un vecino: decirle que su sufrimiento diario vale menos que una farola nueva para la foto de campaña.
El contraste es explícito en las imágenes oficiales: render 3D con veredas perfectas, palmeras de catálogo y canteros ordenados. Una maqueta que parece importada de otro país. Al lado, las fotos que circulan en redes: contenedores rebalsados, calles de tierra anegadas, barro que se pega a las ruedas como cemento.
La gestión apuesta a lo superficial. Promesas contra necesidades. Estética contra infraestructura. Foto contra realidad.
La conclusión es brutal: hay dos Ramallos.
• El oficial, donde cuatro esquinas concentran medio presupuesto municipal.
• El real, donde miles de vecinos caminan entre charcos y barro como en el siglo pasado.
El plan es evidente: usar dinero público para levantar un decorado electoral. Y dejarle al ciudadano de a pie el barro, los pozos y la resignación.